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EFICIENCIA

El impacto de los distritos térmicos en las grandes ciudades del mundo

Aunque los distritos térmicos modernos tienen una historia de larga data, que viene desde mediados del siglo XIX, la agenda mundial de sostenibilidad los ha puesto en la mira de los gobiernos locales, que están en la búsqueda de soluciones amigables con el medio ambiente. Las redes de este tipo de sistemas cada vez van creciendo de forma más acelerada y estableciendo sistemas más complejos.

Este crecimiento en la implementación responde a los beneficios claros que se pueden dar a nivel ambiental, social y económico, como la reducción de las emisiones de CO2, una reducción en los costos de la energía y más acceso a la calefacción o refrigeración.

Según la UNEP, hay 40 ciudades que se pueden considerar como líderes en la implementación de distritos térmicos, dentro de las que se encuentran Paris, Londres y Dubai. Estas ciudades tienen en común programas de desarrollo sostenible, que abarcan temáticas de desarrollo económico, estabilidad medioambiental y equidad.

Por ejemplo, París, que tiene una de las redes de distritos térmicos más grande y antigua de Europa, planea reducir sus emisiones de CO2 en un 75% para el 2050. Adicionalmente, hoy en día ha logrado abastecer más de 500 mil edificaciones, logrando abastecer de calefacción al 50% de las viviendas de interés social. Esto demuestra que el impacto positivo que un distrito térmico puede tener sobre una sociedad es solo en materia industrial, también puede dejar una verdadera huella en el desarrollo social de las ciudades.

Por otro lado, así como los distritos térmicos pueden tener un impacto transversal, también hay que entender que las condiciones que llevan a la implementación de este tipo de sistemas pueden variar. Este reconocimiento es valioso, porque puede funcionar como ejemplo para ciudades que, aunque presentan necesidades en materia de calefacción o refrigeración, no han implementado estos sistemas por mero desconocimiento o ausencia de interés.

Para este fin es clave reconocer el desarrollo del distrito térmico de Gotemburgo, uno de los más grandes de Suecia, el de Abeerden, en el Reino Unido, y el de La Alpujarra, en Colombia. Estos tres casos de distritos térmicos, aunque ofrecen beneficios parecidos para sus comunidades, se construyeron bajo necesidades absolutamente diferentes.

El distrito térmico de Gotemburgo, construido a mediados del siglo XX, vio un auge en la década de los años 70, debido a una transición al uso de energía renovable para su funcionamiento. Esta transición se dio durante la coyuntura de la crisis del petróleo, donde se vio un desabastecimiento generalizado de combustible. A raíz de esta transición, el distrito térmico de Gotemburgo hoy en día es pionero en utilización de energía limpia y funciona en menos del 4% con combustibles fósiles.

En el caso de Aberdeen, en el Reino Unido, la implementación de redes de distrito térmico respondió a condiciones socio económicas de la ciudad. Estudios desarrollados por el gobierno local mostraron una dificultad al acceso de la calefacción para los habitantes con el porcentaje de ingresos más bajo. La solución más eficiente que se encontró fue la implementación de un sistema de distritos térmicos, que redujera de manera significativa los costos de la energía y que, además, redujera el consumo, estableciendo un sistema más eficiente. El resultado se ve un mayor acceso a la calefacción, con niveles de consumo pico más bajos.

Finalmente, el distrito térmico de La Alpujarra responde a problemáticas ambientales que se presentan en Medellín Colombia, puesto que esta ciudad tiene uno de los registros de CO2 más altos del país. La iniciativa buscó reducir, por un lado, las emisiones por parte de las edificaciones estatales y, por el otro, reducir la emisión de sustancias agotadoras de la capa de ozono por el uso de refrigeración.

Es claro que un distrito térmico puede tener un abanico de beneficios comparados con los sistemas individuales en materia de costos, medio ambiente y confort. Sin embargo, es importante que los gobiernos locales entiendan que estos sistemas tienen el potencial de suplir necesidades que pueden no ser tan obvias. Gracias a su funcionamiento, estos beneficios pueden tener un impacto significativo sobre una ciudad. Hay que incentivar la investigación y buscar el desarrollo sostenible para nuestras comunidades.