EFICIENCIA

La Alpujarra: un salto de cultura, conocimiento y tecnología

En pleno corazón administrativo de la capital antioqueña está un edificio que, a simple vista, no devela la innovadora apuesta ambiental urbana que está ocurriendo en su interior. Sin embargo, quienes tienen la oportunidad de adentrarse en esta edificación se encuentran con un proyecto energético pionero en Latinoamérica que está marcando una tendencia nacional e internacional en el tema de climatización con prácticamente cero potenciales de calentamiento global y de agotamiento de la capa de ozono.

Isabel Cristina Sánchez es una ingeniera mecánica que ha terminado convertida en profesora y quien ocupa parte de su tiempo en guiar a los estudiantes y equipos técnicos de todo el país que visitan semanalmente el distrito térmico. Los ingenieros que diseñaron y construyeron este sistema nunca imaginaron que las decenas de tuberías, las bombas hidráulicas y las válvulas que generan a diario más de mil toneladas de refrigeración, fueran a despertar tanto interés.

Se trata de una planta industrial como ninguna otra, incrustada en el corazón de la ciudad que le está cambiando la cara desde adentro a los principales edificios públicos de Medellín. Con más de 3000 libras de amoniaco funcionando a toda máquina, brinda aire acondicionado a más de 15 mil personas por día sin contaminar el medio ambiente en el proceso.

“- Estoy súper orgullosa de estar aquí. Es único y se va generando una curiosidad alrededor. Uno está como metiendo en la sociedad un tema novedoso, que aporta, es eficiente y chévere”, comenta emocionada la ingeniera Sánchez.

Isabel Cristina habla a un lado del panel de control desde el que se monitorea el caudal de agua refrigerada que fluye hacia la red de usuarios del Distrito Térmico La Alpujarra. Ella es la líder de operaciones y mantenimiento desde su puesta en funcionamiento en 2016. Antes había trabajado en mantenimiento de pisos, por lo que sabe lo que se siente estar del otro lado.

“- El aire acondicionado suele ser como un apéndice de las operaciones normales de cualquier edificio. Subsistemas auxiliares que no son el core de la compañía y representan un esfuerzo adicional. Cuando te retiran esa carga operativa, cuando ya no eres el responsable de generar el agua fría, siempre va a ser un alivio”.

A espaldas de Isabel Cristina se ve pasar el metro, surcando los edificios en el cerro La Asomadera. Abajo, detrás de una pared de cristales, rugen con potencia ensordecedora la máquina que hace posible la magia: las microturbinas de gas natural, enfriadores (chillers) y equipos que enfrían el agua y la bombean, a unos 4 grados de temperatura, por una red subterránea.

Mediante sensores y válvulas inteligentes, el distrito térmico autorregula su funcionamiento de acuerdo con la necesidad de los edificios conectados, lo cual le permite operar con los mayores niveles de eficiencia posibles. Es un contraste enorme frente a los viejos equipos de aire acondicionado que entró a reemplazar.

Este distrito térmico contiene alrededor de 3 kilómetros de redes y, además de apuntarle a la sostenibilidad y eficiencia energética, incorpora una visión de renovación urbana para el sector de La Bayadera, donde se localiza la central térmica. Está en una concurrida calle principal, en una zona donde abundan los talleres de reparación de carros y motos.

En las calles de adoquines alrededor de la central térmica pueden verse unas placas grises con una inscripción única: “Agua helada”, acompañadas del dibujo en forma de T que marcan los puntos de conexiones de La Alpujarra con los diferentes usuarios.

En los andenes afuera del distrito, es imposible para los transeúntes percibir el ruido de la operación que se cuece adentro. El edificio fue construido con un sistema de capas que absorbe el sonido. Por su aspecto en forma de cubo con varios paneles, es como si hubiera aterrizado una nave espacial en el centro de Medellín, abrazada por matorrales y enredaderas que escalan sus paredes. Sus particularidades han atraído incluso a estudiantes de otras disciplinas, diferentes a la ingeniería.

Una vitrina multicolor en la Alcaldía

Los ingenieros Sergio Gaviria, subsecretario de la Secretaría de Suministros y Servicios de la Alcaldía de Medellín, y Luis Fernando Jaramillo, miembro del equipo técnico y de mantenimiento del Distrito Térmico de La Alpujarra, calculan que han tenido unos $80 millones mensuales de ahorro desde que la Alcaldía se conectó al distrito térmico.

Antes tenían tres enfriadores (chillers) enormes, “muy viejos”, que trabajaban con una muy baja eficiencia. Se ubicaban en un sótano en torno al cual se generaba una “área muy deprimida” del edificio, constantemente húmeda y con unos niveles de ruido que afectaban todas las oficinas de las primeras plantas. Incluso, la operación producía un vapor de agua que invadía las zonas aledañas.

“- El cuarto de máquinas era una locura. Donde estaban las torres de enfriamiento había un desperdicio constante de agua y el ruido y el humo ingresaban a las oficinas “, dice Jaramillo. Además, había un equipo permanente de personas dedicadas al mantenimiento de los equipos de aire acondicionado quienes debían estar en el edificio desde las 5 de la mañana para ponerlo en servicio.

Hoy la climatización funciona de manera completamente automatizada. Simplemente programan su encendido para los momentos en que se requiere. Los viejos espacios que ocupaba el sistema anterior se han ganado para expandir las oficinas administrativas. El reflejo de este cambio es la disposición actual de la estación de transferencia, el punto de conexión con el distrito térmico.

A un lado del parqueadero, cualquier visitante de la Alcaldía notará una vitrina que brilla con distintos colores. Cualquiera podría confundirlo con una exposición de una obra de arte pop. Una secuencia roja, azul, amarilla, verde, destella en las tuberías niqueladas de la nueva conexión. Hoy un proceso técnico e industrial se exhibe en una vitrina de cristal.

Una nueva terraza en la Gobernación

En la Gobernación de Antioquia, el viejo espacio de los enfriadores es ahora una terraza decorada con palmeras y un inmenso tragaluz, que algunos funcionarios utilizan como comedor.

En el edificio, puesto en operación en 1986, la climatización recaía sobre tres enfriadores, un sistema intercambiador y dos torres de enfriamiento. De esta manera, se brindaba aire también a la Asamblea Departamental. Se empleaba el refrigerante CFC 11, muy contaminante, pero con el tiempo los aparatos empezaron a fallar y el servicio se volvió irregular. Manejaban un promedio de temperatura interior entre los 27 y 28 grados centígrados, “- demasiado alto”, dice Santiago Marín, encargado del área de mantenimiento. Algunos días, sencillamente no había aire acondicionado. Y cuando les iba muy bien, el sistema alcanzaba a producir agua a 9 grados de temperatura.

Contaban con un equipo de contratistas exclusivo para las labores de mantenimiento. Debían “purgar” las máquinas, destapar el condensador, lavarlo. La zona se cargaba de un rugido potente y el “olor maluco” del gas liberado, que salía directo a agotar la capa de ozono.

“- Cuando se hizo el diseño del edificio no se consideraban tantos computadores de trabajo. El clima era diferente y la densidad de puestos de trabajo muy distinta a la de hoy. Todavía éramos la ciudad de la eterna primavera”, asegura Santiago Marín.

Explica que se pasó de unos 1400 funcionarios que había en la Gobernación en la década de 1980, a una población cercana a los 3000 funcionarios, sin contar con el personal flotante. Algunos incluso con dos computadores.

A pesar del evidente aumento de la carga térmica, gracias a la conexión al Distrito Térmico La Alpujarra, hoy manejan una temperatura interior constante de 23 grados centígrados. El sistema les ofrece un caudal de agua helada a una temperatura constante de 4 grados, que ha permitido elevar los niveles de confort. “- Ya no tenemos el problema del agua helada, que era el problema inicial”, advierte el ingeniero.

Los intercambiadores de placas en la estación de transferencia se encargan del proceso, haciendo que los funcionarios solo tengan que definir los niveles y horarios de conexión. Lo apagan los viernes y lo vuelven a encender el domingo, de manera programada. Además, están modernizando los espacios internos y conexiones para aprovechar al máximo el sistema en todos los pisos del edificio.

Un distrito térmico de puertas abiertas

Para la ingeniera Isabel Cristina Sánchez, la diversidad de personas que los visitan es una buena muestra de la evolución que simboliza el Distrito Térmico La Alpujarra que permea todos los ámbitos y sectores, tanto privados como públicos. Hoy la academia está llamada a migrar hacia temas de medio ambiente y eficiencia energética en sus cátedras y vivencias.

Los nuevos tiempos demandan una evolución en la forma de pensar las ciudades, organizarlas y entender procesos tan cotidianos como la climatización. Y en esto, ella ha entendido que abrirle al público las puertas de los procesos que articulan la transformación, hace la diferencia. Así es como una planta industrial térmica, admirada tradicionalmente solo por los ingenieros, se proyecta como punta de lanza de sostenibilidad y ciudades inteligentes para el beneficio de la sociedad en general.

 

Tomado de la revista: Los Distritos Térmicos: Una apuesta de sostenibilidad urbana (2019)