Seleccionar página

EFICIENCIA

Verde que te quiero verde

Por: Guillermo Perry para: eltiempo.com

El nuevo gobierno debería integrar, en su Plan de Desarrollo, las recomendaciones del informe final de la Misión de Crecimiento Verde (o desarrollo sostenible) con otras medidas requeridas para aumentar la productividad de todas las ramas de nuestra economía. No se trata de amar lo verde solo por su color (me perdonan mis amigas y amigos del partido Verde), pues lo que se busca finalmente es mejorar el bienestar de los colombianos. Por fortuna, como lo demuestra el informe, se puede avanzar simultáneamente en ser más verdes y productivos. Y hay muchas opciones de inversión y crecimiento en la economía verde y en los servicios ambientales. También en la economía naranja (las industrias culturales y del entretenimiento), que tanto le gusta a Iván Duque, para que no seamos monocromáticos.

La clave del crecimiento verde estriba en mejorar la eficiencia en el uso de los recursos naturales. Con ello se puede crecer dañando menos la naturaleza y el medioambiente. No se trata de no crecer para no dañar, como proponían informes viejos como el de ‘Crecimiento cero’ del Club de Roma. Esos informes desestimaron que el progreso tecnológico y la innovación pueden permitir crecimientos altos, dañando poco y, a veces, mejorando el medioambiente.

Toda intervención humana afecta el ambiente y usa recursos naturales, renovables o no renovables. Hay que procurar ser más eficientes en usar los no renovables (hidrocarburos y minerales) para que duren más tiempo. De hecho, el progreso tecnológico ha ido permitiendo aumentar las reservas económicamente utilizables de petróleo y gas natural en el mundo a pesar de su mayor uso.

Pero lo más importante es no dañar los renovables: el agua, el aire, los suelos, los páramos y bosques, el clima, la capa de ozono, pues de ellos depende la calidad de vida. Por fortuna, el progreso técnico hace posible dañarlos cada vez menos e, inclusive, mejorarlos: hoy se puede nadar y pescar en ríos y lagos antes contaminados en Europa, respirar mejor que antes en ciudades como Los Ángeles y pasear por bosques tupidos que habían sido talados inmisericordemente. Y algunas especies antes en extinción se están reproduciendo ahora.

A medida que ha avanzado la conciencia verde se han dedicado enormes recursos y esfuerzos a la investigación y el desarrollo de tecnologías más amigables con el ambiente en campos tan diversos como la biotecnología, la explotación sostenible de los recursos forestales, las energías verdes, la eficiencia energética, el aprovechamiento de residuos (la economía circular), la movilidad sostenible (transporte eléctrico y de gas) e, incluso, la minería.

La paz, la formalización de la economía y el control de actividades ilegales ayudan tanto al crecimiento como a la protección ambiental. El incumplimiento de la ley, tan generalizado en Colombia, inhibe tanto el crecimiento económico como la conservación ambiental.

El informe cubre todos estos temas, aterrizándolos en Colombia. Pone de presente que tenemos fortalezas (una matriz energética bastante verde, gracias a la hidroelectricidad y el gas; la extensa red de parques naturales) y grandes debilidades (la minería ilegal, la ganadería extensiva, la deforestación acelerada, la destrucción de manglares y arrecifes). En unas áreas no hemos hecho nada, en otras hemos avanzado y en algunas echamos para atrás (ejemplo: ¡la Creg promovió el uso de derivados del petróleo y el carbón en lugar del gas natural en la generación eléctrica!).

Lo importante ahora es no echar este informe en saco roto e incorporarlo de manera integral y efectiva en nuestro sistema de competitividad e innovación y en la planeación nacional y sectorial, que ojalá recuperen su dinamismo. Sería bueno que nuestra nueva vicepresidenta, que es de armas tomar, se pusiera al frente de estos asuntos para impulsarlos y coordinarlos.